• La carrera por el sol entre las plantas, ¡la más rápida no siempre gana!

Mauka Hiking
29 marzo 2020

Dentro de lo complicada que puede ser la vida para muchos seres vivos -los humanos entre ellos- nuestra vida está controlada por dos objetivos: alimentarnos y reproducirnos.

A riesgo de defraudar a más de un@, en este post os queremos hablar del primero de estos objetivos: la nutrición de los árboles. Concretamente, de la gran competición entre las plantas para alimentarse: ¡la carrera por el sol!

Hagamos un poco de repaso de Ciencia Naturales del cole. Las plantas necesitan 4 ingredientes para nutrirse:

  • Unas cucharaditas de agua y sales minerales, que recogen del suelo a través de las raíces.
  • Un par de vasos de gases (CO2), que llegan del aire y entran en las plantas a través de unas aberturas muy pequeñas de las hojas, los estomas.
  • Unos gramos de luz solar, que absorben a través de unos fotorreceptores que tienen por todo el cuerpo, la mayoría de ellos en las hojas.

Como resultado de absorber estos ingredientes y realizar una serie de procesos químicos, el resultado principal de la receta es:

  • Savia, que sirve de alimento para que la planta crezca y produzca nuevas hojas y flores.
  • Oxígeno, que la planta libera para que lo respiremos los animales.

De todos estos ingredientes, hay uno que libera una competición entre las plantas que viven cerca unas de otras: ¡la luz solar! En esta competición, como en cualquier otra, quien tiene las de ganar es quien usa la mejor estrategia.

¿Cuál crees que sería la mejor estrategia si necesitaras luz solar y tienes cientos de personas a tu alrededor? Quizá lo que primero se te ocurre es… ¡crecer más rápido! No está mal… Pero como verás en el ejemplo de varios árboles que te mostramos a continuación, no siempre es la mejor estrategia.

El haya, el rey de la paciencia

¿Has estado alguna vez en otoño en un hayedo centenario? Con ese abanico de colores naranjas, marrones y amarillos, intensificado por los rayos del sol que entran por los pocos huecos que dejan sus copas. La tranquilidad que dan sus troncos de corteza lisa y clara. Es una de las sensaciones más bonitas en la naturaleza.

Hayedo en otoño

Si has estado alguna vez en un hayedo, podrás comprobar que es raro que aparte de hayas, existan otras especies de árboles habituales de esas zonas como el roble. Esto es debido a que el haya no necesita tanta luz solar para crecer como el roble. Un retoño de haya puede ir creciendo a la sombra de un roble, de este modo, las raíces del haya se esparcen quitando nutrientes del suelo al roble y así seguir creciendo. Su tolerancia a la sombra, junto con la gran espesura de sus copas −que apenas dejan pasar la luz−, así como su gran producción de semillas, hace que acabe sustituyendo a muchas de las otras especies con las que compite, como el roble.

Parece una buena estrategia, ¿no? Paciencia para ir creciendo poco a poco a la sombra, hasta que te haces tan grande que le quitas la luz a tus oponentes. Sí, pero tiene sus fallos que hacen que el roble tenga ventajas…

El roble, lento pero firme

Como hemos visto antes, un roble necesita mucha luz para poder crecer, lo que le hace débil frente a un haya que crezca a su lado, ya que éstas no necesitan tanta luz. Sin embargo, los robles invierten sus nutrientes en realizar un crecimiento más lento, consiguiendo un tronco más duro y grueso que la fina corteza del haya. Este tronco protege al roble de enemigos externos. Por ejemplo, en caso de sufrir un ataque de un hongo o insecto, o en condiciones extremas de frío, calor o temporales de viento. Las hayas tienen más facilidad para crecer, pero son más vulnerables por su fina corteza y débiles raíces.

Como consecuencia de las estrategias de crecimiento del haya y del roble, se han realizado investigaciones que demuestran que los períodos de tiempo en los que el roble crece mejor que el haya, han ido aumentando a lo largo del siglo XX, y que estos cambios están relacionados con los cambios en temperatura y precipitación ocurridos a lo largo del siglo, cambios que el roble soporta mucho mejor. Además la proyección para el siglo XXI nos muestra que esta ventaja del roble frente al haya aumentará durante este periodo.

Hojas de roble

Ya tenemos dos estrategias: el haya con su crecimiento con menos luz pero más débil, y el roble con su dependencia de luz pero más fuerte. Sin embargo, estas dos especies tienen algo en común que las puede hacer débiles en la carrera por el sol, en invierno no tienen hojas para poder seguir captando la luz solar, y por lo tanto, no pueden crecer tanto.

Esta característica de los árboles de hoja caduca como el roble y el haya, podría suponer una gran desventaja frente a árboles de hoja perenne, como el pino.

El pino, trabajo non-stop

Así que el pino es de hoja perenne, es decir, no pierde sus hojas en forma de aguja (acículas) durante el otoño-invierno. Esto supone grandes ventajas:

  • Cuando llega el invierno, se convierte en el rey en la competición por el sol, ya que los árboles de hoja caduca que estén cerca pierden sus hojas.
  • El árbol no ha de gastar nutrientes cada primavera para generar nuevas hojas.
  • Puede seguir realizando la fotosíntesis (al poder captar luz solar a través de las hojas) durante la mayor parte del año

Pero como seguro que vas intuyendo, también implica algunas desventajas:

  • Durante el invierno, la nieve se va acumulando en sus hojas, hasta tal punto que el peso puede hacer quebrar las ramas o incluso el tronco del árbol.
  • En días de fuertes temporales, más habituales en otoó e invierno, las hojas chocan contra el viento, pudiendo provocar que el árbol caiga.
  • Al poder captar mucha luz solar, su crecimiento es más rápido que árboles de hoja caduca como el haya o el roble. Ese crecimiento rápido, hace que su madera sea blanda (la madera tiene muchos agujeritos en su interior), lo que hace a los pinos sean más vulnerables a que hongos entren en su madera y enfermen.
Pinaceas con nieve acumulada

Ni crecer más rápido, ni más lento y fuerte, ni crecer sin parar, parece que no hay forma de encontrar la estrategia perfecta… Hasta que entra en escena el árbol que más años suele vivir, el rey de la longevidad: el tejo.

El tejo, el arte de la regeneración

El tejo es, al igual que el pino, un árbol ‘siempreverde’, esto es, de hoja perenne. Sobrevive a las hayas y su ocupación de casi toda la luz, creando las raíces más fuertes de todas las especies. Así, aunque crecen muy lentos, si el tronco se va abajo porque un haya de raíces más débiles le cae encima en un temporal, o un animal lo daña, sus fuertes raíces le permiten volver a crecer varias veces. Suele ser de las especies más longevas, en Escocia hay uno de 2000 años.

Como curiosidad, por su longevidad en el cristianismo se le considera el árbol de la eternidad, y suele estar junto a iglesias y cementerios.

Si te interesa conocer historias y leyendas del tejo, consulta este interesante artículo.

Tejo silvestre en un hayedo en Asturias. Foto del naturalista Ignacio Abella

En definitiva, aquellos árboles que invierten más tiempo en ir creciendo lentamente, y así tener fuertes raíces y madera dura, tienen más probabilidades de llegar a adultos (una media de unos 80 años). Pero claro, a costa de tener una juventud más ‘aburrida’ en términos de productividad, y a expensas de que agentes externos (hongos, insectos, meteorología…) acabe con sus competidores de crecimiento rápido.

Como ejemplo, la sabina es un árbol capaz de crecer 0,3 milímetros al año si las condiciones son difíciles (poca luz, poca lluvia…). Tanta lentitud acaba produciendo una madera tan dura y prieta que es impermeable, y por eso se utilizaba para construir barcos y vigas. Antaño, cualquier casa de pueblo que se precie tendría las vigas de sabina.

Como guinda final del artículo y muestra de que un árbol se reiría de la supervivencia humana en el Bronx… ¿sabes cuántas semillas produce un árbol en toda su vida? De media entre 1 y 30 millones. ¿Y sabes cuántas de esas semillas llega a convertirse en un árbol adulto? ¡¡Una!! 

 

Bibliografía

https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-cambio-climatico-favorece-al-roble-frente-al-haya

Libro «La vida secreta de los árboles», Peter Wohlleben.

Libro «Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal», Stefano Mancuso